Hoy analizaremos las reflexiones y sentimientos de Julia al vivir una de las experiencias más traumáticas en la vida de cualquier adicto a las redes: quedarse sin WiFi durante varios días.
SUJETO 5: JULIA
Siento haber tardado tanto en
actualizar el blog chicos, pero todo tiene una explicación. Y es que la semana
pasada fue dura. Muy dura. Dura de las de encerrarse en tu habitación, bajar
las persianas, meterse en la cama y cubrirse hasta la cabeza con las sábanas. Y
no salir de allí en días. Dura de perder el apetito, de llorar por las noches preguntándote
qué pecado capital has cometido para merecer tal desdicha. De no articular
palabra, de no poder pensar con claridad. Dura de las de no tener ganas de nada
que no sea vegetar y poner música nostálgica y depresiva a ochenta mil
decibelios. ¿Qué no me creéis?
Veréis, todo comenzó el jueves
pasado. Volvía a casa de la universidad, después de seis horas insufribles de
clases inútiles, interminables y soporíferas. Había empleado la media hora de
vuelta en metro ansiando el momento de tumbarme en el sofá, encender el
ordenador y comenzar un maratón de series y YouTubers que iba a durar, como mínimo, toda la tarde.
Cuál fue mi sorpresa al entrar
por la puerta y que el olor a hogar dulce hogar no fuese acompañado por mi
móvil conectándose automáticamente al WiFi. Qué raro. Algo pasaba. Algo muy
malo. Me acerqué cautelosamente al router y… alerta roja. No solo estaba
apagado, sino que era imposible volver a encenderlo. ALERTA ROJA. Comprobé que todos
los cables estuviesen bien conectados. Sí. Intentando controlar un ataque de ansiedad cogí el ordenador
para buscar en internet qué hacer cuando un router inalámbrico no funciona. Pero claro, no había internet. Y si no había internet, ¿¡cómo narices iba a buscar nada!? Angustiada descolgué el teléfono
y llamé a papá, quien justificó todos mis temores al confirmar que,
efectivamente, el router se había averiado e íbamos a estar sin internet hasta
el lunes. ¡Hasta el lunes! El mundo se desmoronó a mi alrededor. La vida dejó súbitamente de
tener sentido. El cuerpo me pesaba una tonelada y todo daba vueltas en torno a
mí. Antes de desplomarme, pese a mi aturdimiento, conseguí sentarme. Después de
eso todo está borroso, poco nítido. Lo siguiente que recuerdo fue despertarme
la mañana siguiente, con las mejillas húmedas.
Así que ya veis. Supongo que
todos habréis notado la misma presión en el pecho que experimenté yo durante la
situación, aunque solo sea por la compasión que os despierta semejante
tragedia, y ahora podéis entender lo lacrimosos que han sido los últimos cuatro
días. Cuatro días en los que me he visto obligada a leer libros en papel, ver
los tediosos programas que retransmitían por televisión e incluso salir de
casa. Verdaderamente horripilante. No deseo tal mal ni a mis peores enemigos.
En un momento dado incluso llegué a plantearme sacar el diario que me había regalado mi
madre la semana pasada para escribir una entrada. En seguida rechacé la idea, pues no tenía sentido ninguno. Total, ¿para qué? Si nadie
podía leerlo.
Afortunadamente, la fatalidad ha
concluido hoy. Al poder finalmente reconectar todos mis “aparatitos” a la red me he encontrado
liberada. Se ha desvanecido la sensación constante de nudo en el estómago. La vitalidad ha vuelto a mí.
Tengo veinte capítulos acumulados de diferentes series pendientes de ver, cincuenta de mis YouTubers favoritos han subido nuevos vídeos durante mi ausencia y hasta Tumblr ha creado una nueva moda hipster… Pero lo más raro de todo, sin duda, es que tengo en mi bandeja de entrada un email anónimo. Alguien citándome a una conferencia sobre redes sociales y nuevas tecnologías, o algo así, en el salón de actos de la uni dentro de unos días. Ir o no ir, esa es la cuestión ahora. Y con todas las cosas que tuve que dejar abandonas y necesito URGENTEMENTE poner al día tras esta semana dudo que aparezca por allí.
Tengo veinte capítulos acumulados de diferentes series pendientes de ver, cincuenta de mis YouTubers favoritos han subido nuevos vídeos durante mi ausencia y hasta Tumblr ha creado una nueva moda hipster… Pero lo más raro de todo, sin duda, es que tengo en mi bandeja de entrada un email anónimo. Alguien citándome a una conferencia sobre redes sociales y nuevas tecnologías, o algo así, en el salón de actos de la uni dentro de unos días. Ir o no ir, esa es la cuestión ahora. Y con todas las cosas que tuve que dejar abandonas y necesito URGENTEMENTE poner al día tras esta semana dudo que aparezca por allí.
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