lunes, 13 de abril de 2015

LAS CONCLUSIONES DEL EXPERIMENTO

El proyecto en el que Sociólogos Tecnológicos Sin Fronteras lleva trabajando durante estas semanas ha llegado a su fin. Tras el encuentro en la Universidad Rey Juan Carlos de los sujetos que estaban formando parte de este estudio, hemos podido observar sus comportamientos en grupo, transmitirles nuestra preocupación por su grado de adicción a las nuevas tecnología y, finalmente, hemos sacado nuestras propias conclusiones. 

JULIASociólogos Tecnológicos Sin Fronteras ha descubierto que Julia es el estereotipo personificado del joven adicto a todo aquello relacionado con las nuevas tecnologías. A través de sus entradas hemos comprobado cómo su mentalidad, obstinada en que los más recientes avances son el mejor modo para conseguir una vida grata y completa, le impide comprender y empatizar con los que no piensan como ella. La relación con sus progenitores, compañeros de clase… es fría y prácticamente inexistente ya que, desde su punto de vista, las redes sociales y el mundo virtual le aportan todo lo que necesita dentro del aspecto afectivo. Por ello, se ha encerrado en un “sí misma” que ya no solo la engloba a ella, sino a todo un mundo físicamente separado por barreras espacio-temporales, y ha perdido el interés por vivir más allá de una pantalla.


MIUMIUSociólogos Tecnológicos sin fronteras ha podido extraer de MiuMiu ciertas características clave de los jóvenes españoles y su relación con las nuevas tecnologías. Michelle sería una adolescente-joven usuaria de las redes sociales y NNTT nivel estándar, que utiliza estas plataformas para relacionarse con el mundo exterior. Como el resto de las personas de su edad que están presentes en Internet, Michelle descubre el poder de la red como “chivato”, confidente, espía y almacén de recuerdos. También se da cuenta de que las experiencias que vive ahora no son, al contrario de lo que pensaba, diferentes de las que vivieron sus padres o abuelos (relaciones con los amigos, desencuentros amorosos, control parental, etc), pero que lo que sí ha cambiado sustancialmente es el canal a través del cual se presentan.

ELENAMi personaje era “Elena” y con el he querido plasmar la adicción a las redes sociales de una persona, una chica corriente que no puedo estar ni un día sin consultar sus redes. Quizá mi personaje era muy extremo, pero puede llegar a suceder y de hecho yo creo que sucede muy a menudo. La tecnología nos puede crear una adicción muy grande dado que pasamos mucho tiempo con ella, y en el momento en que estamos sin ella, nos falta algo, como a Elena. Como hemos visto a lo largo de las publicaciones, Elena no solo ha sufrido las consecuencias de estar sin tecnología, también las consecuencias de estar con tecnología. En su caso, la adiccón a las redes sociales le provocaba tal dependencia que le alejaba de la realidad y por ejemplo, en vez de quedar para tomar algo con una amiga prefería hablar con ella por Skype o por teléfono.

SABRINA: Sociólogos Tecnológicos sin fronteras advierte las siguientes características en este sujeto: su constante producción de vídeos hace que pierda habilidades en el lenguaje escrito y que no seas capaz de redactar un texto breve sin incurrir en, al menos, diez faltas de ortografía. Además cuando juega a los videojuegos, cree que siente en sus propias carnes que puede experimentar las patadas, puñetazos y superpoderes de los seres virtuales que maneja, sin embargo, no tiene conciencia del dolor real que puede producir una leve cachetada. Sin mencionar, por supuesto, la molestia ocular derivada de la constante exposición a una pantalla de ordenador/televisión que él cree que es una enfermedad pero que simplemente es una de las consecuencias de su forma de vida.

LUCAS:  Hemos podido comprobar que es una persona metódica y calculadora. A pesar de querer con desmarcarse del resto de la sociedad, Lucas está, como todos los demás participantes del blog, enganchado a las nuevas tecnologías. A través de sus entradas, ha mostrado la obsesión que perturba a la sociedad por aprovechar el tiempo y la manera en la que Whatsapp ha afectado a sus relaciones sociales, llegando a ser motivo de discusión con las personas de nuestro entorno.



ESTA ENTRADA HA SIDO ESCRITA POR TODOS LOS MIEMBROS DEL BLOG 

domingo, 12 de abril de 2015

Y FINALMENTE... SE DESCUBRIÓ EL PASTEL. FIN DEL EXPERIMENTO

Sociólogos Tecnológicos sin Fronteras os da la bienvenida y se complace en mostraros el fin del experimento sobre el día a día con (y sin) las nuevas tecnologías. Han sido cuatro apasionantes semanas, en la que estos cinco nativos digitales nos han permitido conocer la manera en la que ven el mundo a través de una pantalla y lo que sucede cuando tienen que apagarla y mirar a su alrededor sin más ayuda que la de sus propios ojos.


Hicimos creer a los sujetos que la Universidad Rey Juan Carlos les convocaba para una ponencia sobre nuevas tecnologías, un simple pretexto para conseguir reunirlos a todos y provocar un encuentro en el que se conocieran y conocieran la realidad sobre nuestro estudio. Aquí os dejamos, una vez más, extractos de sus entradas, en las que comentan las impresiones que les han causado los demás blogueros. Esperamos que disfrutéis tanto como hemos hecho nosotros y os damos mil gracias por vuestro apoyo y colaboración. Y recordad, la vida con tecnología es fantástica. ¡Pero la vida sin ella puede ser maravillosa!

MIUMIU: Yo siempre había dicho que mi vida era extraña, pero al parecer ahora vivo dentro de una cámara oculta. De 1984. Big Brother is watching me ¡PORQUE SOY SUJETO DE UN EXPERIMENTO SOCIOLÓGICO! Resulta que mi supuesta ponencia ha resultado ser una encerrona. Una trampa. Una bromita sin importancia. Me han usado como rata de laboratorio, y en vez de cambiarme los ojos de color o ponerme electrodos en el cerebro, se han dedicado a publicar entradas de MI BLOG y a analizar MI VIDA. Ofendida que estoy, of course. Porque oye, con qué gente menos interesante me han juntado. Había otras dos chicas, una muy hispter, pero de las de mentira, y la otra más mainstream, un tal Lucas y un personajillo muy curioso, que aunque tenga la barbilla llena de pelos y una nuez más grande que mi cabeza se hace llamar Sabrina.

Parece que el tipo ese no sale mucho a la calle ni ve demasiadas chicas, porque mientras lo grababa todo con la cámara interior de su móvil, enfocándose a la cara y diciendo palabras ininteligibles como emugamers, np o OMW nos hacía a las tres un reportaje completito. Como si fuera la filmación de un documental y nosotras los leones de la sabana africana. No paraba de decir que éramos Noob, pero se apresuró a aclarar (ante posibles represalias) que no había sido un insulto, sino que les comentaba a sus suscriptores que "no teníamos experiencia en el juego". ¿Sabes una cosa Sabrina? No problem si te quedas IN DA HOUSE. Porque tú eres el que nunca va "a tener experiencia en el juego". Y no, las elfas del World of Warcraft no cuentan.


JULIA: Madre mía. Completamente surrealista lo que me pasó ayer. ¿Recordáis el email anónimo que me mandaron invitándome a asistir a una conferencia sobre nuevas tecnologías? Pues resulta que era todo un montaje, que un grupo de frikis que se hace llamar "Sociólogos Tecnológicos Sin Fronteras" llevaba semanas espiándonos en la red a mí y a otras cuatro personas como parte de un experimento. ¿Qué narices?

Total, que conocí a los otros cuatro chicos ese día y… solo puedo decir que hay gente muuuuuuuuy rara por el mundo. Por ejemplo, esa tal Michelle la cual se presenta con el nombre de Miu Miu (si ya tienes un nombre feo, no busques otro que lo sea todavía más, por favor)- contó que tenía un novio que se fue de Erasmus y ¡decidieron seguir juntos! El caso es que la tía es una maniática y, además, súper celosa. Así que claro, la relación tardó poco en desintegrarse una vez él se vio rodeado de chicas más interesantes que Miu Miu (lo que, siendo sinceros, tampoco es muy difícil) y que controlaban bastante más el tema de las redes y conversaciones vía Skype. Pero lo más fuerte es que, encima, cuando intenté darle un par de trucos sobre cómo contactar con gente online para poder pasar página, ¡me miró fatal! Qué pena de chica.

En fin, que los de Sociólogos Tecnológicos Sin Fronteras (¿no había un nombre más largo?) debieron elegir a la gente más diversa que encontraron, porque yo no tengo nada en común con esos otros chalados. Dios me libre.



SABRINA: Buenas tardes aquí sabrina! Continuando en mi línea de que me esten pasando cosas flipantes categoría 30000, ayer abro el correo y entre los 50mil correitos que me enviais haciendome preguntas (que digo yo que por que no las haceis toda por un sitio) me encuentro uno como de una empresa que me había invitado a una conferencia sobre nuevas tecnologías en la URJC (la uni, qué recuerdos). Pues nada voy al sitio (ya sin gafas) y me encuentro con la típica blogger pija, una que iba a hablando con alguien por Skype, otra que iba haciendose selfis todo el rato y un pavo con los cascos viendo una serie. Cojo y me siento en la última fila y se me sienta al lado el tio de las series. Y de repente… OMG veo que está viendo braking bad y abre una pestaña y tiene otra serie a la vez! veia 5 minutos de una y 5 de otra. Me mira y me pregunta y me dice que si veo alguna serie y yo en plan: tíos ataque de retropropulsion ya!!! puto friki... me llaman para una conferencia sobre las tecnologías y me encuentro con esto...
 
ELENA: Llegué a aquel lugar al que me habían invitado. Resulto ser todo una encerrona. Había cuatro personas más allí, eran tres chicas y un chico. Una de las chicas fue la que más me llamo la atención. Decidí acercarme a ella en especial, y preguntarle su nombre. Me miró de arriba abajo, me sonrió y me dijo: "Hola, soy Julia, ¿te gustan las series?". En ese momento me quede "flipando", era una friki de las series y de los youtubers, o eso parecía. A mí también me gustan las redes sociales, pero no me considero una friki de ellas, a lo mejor ella pensaría lo mismo de mí… Durante el tiempo que estuve esperando en aquella sala le observe detenidamente, no soltó el móvil en ningún momento y no paraba de escribir por él y de ver videos con los cascos puestos. También me llamo mucho la atención que llevara un cargador y una batería portátil en el bolsillo, en ese momento me recordó a mí, pero ella me parecía un poco más exagerada, yo jamás llevaría un cargador… En definitiva, me pareció una chica súper adicta al móvil y, no era normal que estuviese tanto tiempo pegado al móvil, debíamos de relacionarnos ¿o no se trataba de eso la encerrona?
 
 LUCAS: ¡Qué capullos los Sociólogos Tecnológicos sin Fronteras! ¡Menuda liada me hicieron el otro día! Cuando llegué allí y me encontré con esa panda… ¡Ni que yo fuese un adicto como ellos! Tengo que reconocer que últimamente he usado más el teléfono móvil, pero tan como compararme con Elena… Ni que tuviese el problema serio que tiene esta chica… Cuando empezó a contar su experiencia con sus cuentas de Instagram, aluciné un poco, pero después comentó que el día que se quedó sin móvil casi le da un ataque… Yo sé que tengo que cambiar ciertos comportamientos, pero que no se les ocurra compararme con esos frikis nunca más… Sabrina, MiuMiu, Elena, Julia… ya les gustaría a esa panda tener el nivel de adicción que yo tengo…

Nota aclaratoria: esta entrada ha sido escrita por todos los miembros del blog
 

jueves, 9 de abril de 2015

¿REVOLUCIÓN?

Sociólogos tecnológicos sin Fronteras tiene la última entrada del blog de Lucas, en la que parece mostrarse indignado con las nuevas medidas de privacidad de Whatsapp, pero ¿podrá desengancharse?

SUJETO 5: LUCAS

¡Buenas noches amigos! 

Escribo desde mi blog para hacer una petición: ¡Hay que rebelarse contra Whatsapp! Desde que pusieron el nuevo sistema de confirmación de lectura, he discutido con  mi novia Cris diez veces. Quizás os parezca una tontería porque puedo desactivar la confirmación, pero resulta que eso hace que Cris "sospeche". Una vez tuve la osadía de hacerlo y-creedme- fue una mala idea. Estuve dos días aguantando preguntas como: ¿qué tienes que ocultar? ¿qué escondes? 

¡Con lo tranquilos que vivíamos todos! Los de Whatsapp no podían estar conformes. Esta aplicación está siendo una fuente de conflicto en todas las parejas y, por si fuera poco, ahora mi familia ha decido unirse al club. Desde que a Tomás, mi hermano pequeño, se le ocurrió la "inocente" idea de crear un chat de grupo con el nombre de "FAMILIAA" todo son complicaciones. Mi madre se ha sumado a la postura de Cristina y, cada vez que no contesto por el grupo familiar, me llama para comprobar si estoy bien o me pasa algo. -¿¿Qué me va a pasar??- Estoy bien, pero NO me da la gana hablar ahora.

No sé qué os parece a vosotros, pero yo tengo motivos suficientes para rebelarme contra Whatsapp, aunque claro... hacerlo yo solo... Mejor me espero a que alguien se anime a hacerlo y... si eso me uno.



miércoles, 8 de abril de 2015

Sabrina in da THEATRE


Sociólogos Tecnológicos Sin Fronteras os trae un episodio más de nuestro estudio. En este caso, Sabrina experimenta la aventura de ir a ver un obra clásica de teatro. Para él (ella en el mundo virtual) es algo completamente nuevo porque, por primera vez en su corta vida, verá a personas, y no avatares de videojuegos, interpretando el papel de otros personajes, en directo, en carne y hueso. El joven gamer expresa en este post lo perplejo que se quedó ante tan arcaico modo de entretenimiento.
Como la vez anterior, debemos advertir que no participamos de las faltas de ortografía en que este sujeto ha incurrido y que si plasmamos el texto sin corregir es para mantener la autenticidad de la prueba.

Bueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeno pues aquí teneis otra entradita del blog. Jajaja. Dios, no aguanto más sin la webcaaaaam!! Qué pesadilla macho, Intento hacer algunos vídeos en plan cutre con el iPhone, con la típica camarita de mano de las de antes que la tuve que sacar del trastero de mis padres llena de polvo asquerosa como una reliquia, pero la calidad es una jodida chusta, a sí que solo tengo videos randoms para no dejar muy solito el canal y de momento escribir aquí. Buah, no sabeis la de cosas que me están pasando estos días! Para empezar el otro día, como me sento bien salir a la calle (parece ser) pues  he decidido que voy a dar un paseo todos los días de 10 minutos. Buah 10 minutos andando al dia es todo un paso!! Es como si aumentas el ejercicio físico de tu Sim en +10 puntos y de repente ves que la barra de humor esta verde otra vez! Como matar dos pajaros de un tiro, vamos. El resto de tiempo ya sabéis que lo invierto todo en KrubberCoF.

El temita de hoy es una cosa flipante que me pasó el otro día que vais a fliiiiiiiiipar en COLORES. Hace poco ha sido el aniversario de mis padres y en vez de irse a celebrarlo solos como buenos padres y dejarme la casa sola para invitar a todos a jugar al KrubberCoF en modo multijugador (ya sabéis las que liamos) cogen y me dicen: Jorge. (Como no contesto tienen que gritar SABRINA!!! Y yo: qué?? Y van y me dicen los tios: ¡¡¡¡hemos comprado unas entradas para que vengas al teatro con nosotros esta tardeee!!!! Qué bien hijo por fin vamos a hacer algo juntos!.

Y yo…………….. WTF WTF WTF WTF WTF WTF WTF WTF WTF WTF. Que? Ya tenéis las entradas?? SÍ! Vamos a ver Romeo y Julieta de Shakespeare (jodido nombre he tenido que hacer copia pega de Wikipedia porque no podía ponerlo bien), todo un clásico!

Pues ahí estaba yo… sabiendo que me iba a ir al jodido TEATRO. IN DA FOKIN’ THEATRE MADAFUCKERS. Mi cara fue para haberla visto. Ojalá tuviera grabado ese momento para que vierais mi cara!!

En fin. Pues puse en pause el KCoF y me puse a arreglarme un poquillo porque me dijeron mis padres que había que ir ‘bien vestido’. Me dijeron que de camisetas de MarioBross o games nada, que camisa. Así que saqué lo mejor que tenía en el armario y me puse unos zapatos de estos de pijo. 
Pues nada nos vamos al teatro María Guerrero a ver Romeo y Julieta. La verdad que me gustó mucho pero vi muchas cosas raras en plan: los actores tienen que hacer la misma obra cada vez, es decir, dos veces al día, dos veces a la semana, dos veces la misma tarde, o lo que sea, pero cada vez que la obra se haga. Primero me parece cansado de la ostia, yo no podría saberme un texto de memoria y hacerlo tantas veces seguidas sin que se me olvide nada y sobre todo sin que me abuuuurrrra profundamente hacer siempre lo mismo. Y segundo es que no tiene sentido! Para que lo vas a hacer tantas veces? Grábalo una vez y ya lo tienes todas las veces que quieras, cojones. Mis padres me han dicho que si el teatro es un género que bla bla bla que es muy antiguo que no se qué pero no se… yo no le veo sentido. Con razón esta medio muerto ya. Pero tio la verdad es que si soy sincero como que me producía una sensación rara escuchar las voces como en directo, en plan la voz voz, sin editar el sonido, sin distorsionarla cuando querías dar miedo o parecer cabreado, ni ponerlo en pause ni nah de nah!!! Pero a la vez era como más emocionante, como que había más adrenalina en plan… te lo creías más.

Por cierto, nada mas salir de casa me volvió a pasar lo de las gafas otra vez!! En plan que me da igual estar con o sin gafas cuando llevo 15 minutos fuera de casa. Cuando llevo un rato y me las quito es como: WHO IS THE BOSS MAN?

 

domingo, 5 de abril de 2015

ADAPTARSE O MORIR


Sociólogos Tecnológicos Sin Fronteras expone hoy la última publicación de Elena en su blog personal. En ella, la protagonista nos cuenta su experiencia con una de las aplicaciones más conocidas, Instagram. 

Sujeto 4: Elena
¡Saludos amigos!

¿Qué tal la semana? La mía un poco frustrante. Ya sabéis que me encanta las redes sociales y las aplicaciones de todo tipo, pues os tengo que contar lo que me paso con  una de ellas en concreto. Antes de empezar quiero contaros como empezó todo; hace más de un año mi mejor amiga me presento Instagram, una aplicación que se estaba poniendo de moda y yo, como no, decidí hacerme una cuenta, sin saber en ese momento muy bien en qué consistía. Con el tiempo me fui aficionando más y más hasta el punto de tener que meterme a todas horas por si alguien le había dado “like” a mis fotos o me había empezado a seguir. Mi afición se convirtió en una obsesión, que rozó el límite de lo inimaginable esta semana. Todo paso cuando me fui a meter en mi cuenta y no pude. En ese momento, me sentí confusa. Entonces pensé y decidí en primer lugar borrar la aplicación y volverla a descargar, pero no funciono. Lo segundo que se me ocurrió fue apagar y encender el móvil, pero no dio resultado.  Así que llamé a mi mejor amiga y le dije que se metiera  a mi perfil de “insta” a ver si seguía existiendo, porque pensé que me habían podían haber cerrado la cuenta. 


Y así fue amigos, ¡Me habían cerrado la cuenta! No lo podía creer, estaba en shock. Me habían cerrado la cuenta de instagram sin saber cuándo ni porque. Después de salir del shock en el que había entrado, decidí abrirme otra cuenta, aunque esto suponía volver a empezar desde cero, pero mejor eso que vivir en el paleolítico sin saber nada de nada. 

Aquí llegó mi segunda sorpresa cuando me cree la cuenta y ni siquiera me duro una hora, ya que me la volvieron a cerrar. Llegue a la conclusión de que alguien me estaba denunciando la cuenta y no iba parar hasta que borrara la aplicación. Estaba ya cansada de lo que me estaba pasando, así que decidí borrar la aplicación y dedicarme a otras cuentas en otras aplicaciones. Finalmente, decidí enfocar mi vida a Facebook, una maravillosa aplicación que me ofrecía los mimos servicios que instagram a la hora de subir fotos y además tenía chat. Así que chicos, si queréis agregarme en Facebook. 

miércoles, 1 de abril de 2015

APOCALIPSIS ANTICIPADO

Hoy analizaremos las reflexiones y sentimientos de Julia al vivir una de las experiencias más traumáticas en la vida de cualquier adicto a las redes: quedarse sin WiFi durante varios días. 


SUJETO 5: JULIA

Siento haber tardado tanto en actualizar el blog chicos, pero todo tiene una explicación. Y es que la semana pasada fue dura. Muy dura. Dura de las de encerrarse en tu habitación, bajar las persianas, meterse en la cama y cubrirse hasta la cabeza con las sábanas. Y no salir de allí en días. Dura de perder el apetito, de llorar por las noches preguntándote qué pecado capital has cometido para merecer tal desdicha. De no articular palabra, de no poder pensar con claridad. Dura de las de no tener ganas de nada que no sea vegetar y poner música nostálgica y depresiva a ochenta mil decibelios. ¿Qué no me creéis?
Veréis, todo comenzó el jueves pasado. Volvía a casa de la universidad, después de seis horas insufribles de clases inútiles, interminables y soporíferas. Había empleado la media hora de vuelta en metro ansiando el momento de tumbarme en el sofá, encender el ordenador y comenzar un maratón de series y YouTubers que iba a durar, como mínimo, toda la tarde.
Cuál fue mi sorpresa al entrar por la puerta y que el olor a hogar dulce hogar no fuese acompañado por mi móvil conectándose automáticamente al WiFi. Qué raro. Algo pasaba. Algo muy malo. Me acerqué cautelosamente al router y… alerta roja. No solo estaba apagado, sino que era imposible volver a encenderlo. ALERTA ROJA. Comprobé que todos los cables estuviesen bien conectados. Sí. Intentando controlar un ataque de ansiedad cogí el ordenador para buscar en internet qué hacer cuando un router inalámbrico no funciona. Pero claro, no había internet. Y si no había internet, ¿¡cómo narices iba a buscar nada!? Angustiada descolgué el teléfono y llamé a papá, quien justificó todos mis temores al confirmar que, efectivamente, el router se había averiado e íbamos a estar sin internet hasta el lunes. ¡Hasta el lunes! El mundo se desmoronó a mi alrededor. La vida dejó súbitamente de tener sentido. El cuerpo me pesaba una tonelada y todo daba vueltas en torno a mí. Antes de desplomarme, pese a mi aturdimiento, conseguí sentarme. Después de eso todo está borroso, poco nítido. Lo siguiente que recuerdo fue despertarme la mañana siguiente, con las mejillas húmedas.
Así que ya veis. Supongo que todos habréis notado la misma presión en el pecho que experimenté yo durante la situación, aunque solo sea por la compasión que os despierta semejante tragedia, y ahora podéis entender lo lacrimosos que han sido los últimos cuatro días. Cuatro días en los que me he visto obligada a leer libros en papel, ver los tediosos programas que retransmitían por televisión e incluso salir de casa. Verdaderamente horripilante. No deseo tal mal ni a mis peores enemigos. En un momento dado incluso llegué a plantearme sacar el diario que me había regalado mi madre la semana pasada para escribir una entrada. En seguida rechacé la idea, pues no tenía sentido ninguno. Total, ¿para qué? Si nadie podía leerlo.
Afortunadamente, la fatalidad ha concluido hoy. Al poder finalmente reconectar todos mis “aparatitos” a la red me he encontrado liberada. Se ha desvanecido la sensación constante de nudo en el estómago. La vitalidad ha vuelto a mí. 
Tengo veinte capítulos acumulados de diferentes series pendientes de ver, cincuenta de mis YouTubers favoritos han subido nuevos vídeos durante mi ausencia y hasta Tumblr ha creado una nueva moda hipster… Pero lo más raro de todo, sin duda, es que tengo en mi bandeja de entrada un email anónimo. Alguien citándome a una conferencia sobre redes sociales y nuevas tecnologías, o algo así, en el salón de actos de la uni dentro de unos días. Ir o no ir, esa es la cuestión ahora. Y con todas las cosas que tuve que dejar abandonas y necesito URGENTEMENTE poner al día tras esta semana dudo que aparezca por allí. 

jueves, 26 de marzo de 2015

HIJO, ACÉPTAME AL FACEBOOK

Sociólogos Tecnológicos sin Fronteras os acerca hoy a la terrible experiencia de MiuMiu después de que su madre se crease un perfil en esta conocida red social. ¿Os ha pasado alguna vez?

En qué momento. ¡¡Pero en qué momento se me ocurrió ayudar a mi madre a que se hiciera un Facebook?! Si apreciáis vuestra vida (vuestra vida social, quiero decir) y tenéis un mínimo de amor propio y de estatus, por muy patético que este sea, se irá con el viento como el humo de un cigarrillo en el momento en que agreguéis a vuestras mamás. Aceptar su petición de amistad es equivalente a firmar una sentencia de muerte, y para ella es un contrato con el diablo o con el mismísimo Dios, porque a partir de entonces será omnipresente, omnisciente y omnipotente. Estará en todos los sitios a los que vayáis, sabrá todas las cosas que hacéis (y las que no) y tendrá poder absoluto sobre vuestras miserables vidas. He sobrevivido estos 15 días a base de valerianas, Trankimazin y sesiones intensivas de vídeos de autoayuda en YouTube, pero tengo los nervios destrozados porque ni aun así consigo librarme de la sensación de tener una presencia que me observa a cada segundo y necesito publicar en mi muro importantísimas novedades que, por supuesto, ella no debe ver.

El caso es que para mamá está resultando toda una revelación esto del "Feisbus", "Fibus", "Facebus", “lo de las fotos coño”. Y gracias a su infinita sabiduría, y al poco tiempo que me dedica desde que está enganchada al Candy Crush, he podido conocer cómo las redes sociales han cambiado la forma que tienen nuestros padres de controlar todos y cada uno de nuestros movimientos y hacernos la juventud un poco más difícil y mucho más angustiosa. Cohabitar con la Gestapo hace que duermas con un ojo abierto y con contraseña en el ordenador. Su mirada siempre está puesta sobre nosotros. O sobre nuestros muros.

Entre otras cosas, se romperán todas las relaciones con tus amigos. Desde que está en Facebook, 250 de 297 de mis contactos han sido vetados. Antes solo te prohibían ver a alguien si le pillaban montando un escándalo en una fiesta o boda, y en ese caso era muy  probable que tu padre estuviera abrazado a él haciendo lo mismo.  Pero el caso es que desde el salón de casa es muy fácil juzgar, y tienen abierto el directorio de borracheras de los últimos 5 años. Y como la gente no se corta un pelo a la hora de subir las fotos, siempre descubre su peor cara. Su cara en el parking. Su cara en el bar. Su cara en el taxi de dirigiéndose a casa. Su cara en el suelo del baño. De nuevo su cara en el taxi camino al hospital. Su cara en la camilla sacándose una selfie con la vía y el gotero.

Lo de los líos amorosos es un tema aparte. Cada vez que apareces en una imagen con unos brazos sobre los hombros, un beso en la mejilla o alguien escribe un inocente comentario en tu tablón, notas la mirada inquisitiva y esa sonrisilla diabólica que se le dibuja en los labios. Ya sabéis a cuál me refiero . Ahora ya ni te hace preguntas, en su lugar hay un proceso de investigación que le lleva a los rincones más profundos de la red. Antiguamente, (hace 7 años) los padres sometían a un interrogatorio en el que solo faltaban la porra y la linterna. “¿Y ese chico de quién es?” “¿Y qué estudia?” “¿A qué se dedica su familia?” “¿No fumará porros, no?”. Si hacía falta se recababa información puerta por puerta, pero el romanticismo del antiguo trabajo de calle se ha sustituido por la sofisticación del detective que utiliza Internet para cazar a un sospechoso.

A pesar de esto, lo peor de todo es cuando son ellos los que utilizan Facebook para maquinar contra ti. Aunque lo hagan con toda la buena intención del mundo. Los álbumes de fotos están llenos de instantáneas que siempre hemos querido tirar a la chimenea las noches de invierno en las que, melancólicos, tus padres se ponían a manosear recuerdos al lado del fuego. Pues esas fotos son las que más les gustan, y no contentos con mostrarte desnuda en la bañera, llena de mocos, o con el traje de encaje-flores-plumas-puntilla de la primera comunión, siempre las acompañan de comentarios que les permiten ilustrar, un poco más, ese pedacito vergonzoso de tu vida. Escriben todo junto, de corrido, y no conocen los puntos ni las comas, pero el daño se hace incluso cuando no se sabe manejar el teclado del ordenador.

Podría pasarme horas hablando del “no me gusta esa foto, bórrala”, del “no me mientas, que lo he visto en Facebook” o el “¿tú te crees que soy tonta?, que tengo las pruebas”, pero cerraré mi entrada de hoy con la siguiente conclusión: si teníamos alguna mísera oportunidad de ocultar algo a las madres, esos seres maravillosos con un sexto sentido más misterioso que el Big Bang, el listillo que inventó las redes sociales destripó cualquier esperanza de tener una vida propia.

Y como estoy segura de que ella lee mi blog, solo puedo terminar con estas palabras. Te quiero mamá. ¡Y DÉJAME EN PAZ, POR FAVOR!

lunes, 23 de marzo de 2015

¡Yo nunca duermo la siesta!

Sociólogos Tecnológicos Sin Fronteras muestra una nueva parte del estudio. En esta ocasión, tenemos el testimonio de Lucas, que, tras unos días con la aplicación Breakfree, se ha dado cuenta de que no tiene todo medido al milímetro como él pensaba.

SUJETO 5: LUCAS


¡Yo nunca duermo la siesta!
Vagos, holgazanes, expertos en perder el tiempo, los que después de comer se dejan caer en los brazos de Morfeo.  ¡El tiempo está para aprovecharlo y la tarde más aún! Echarse la siesta es la peor manera de desaprovechar la existencia. ¡Con lo que cunde trabajar a mediodía! Mi jornada se queda corta para la cantidad de tareas que tengo.

 Evitar perder tiempo se ha convertido en uno de mis principales objetivos, por eso, he decido ser económico: mientras me ducho escucho la radio, opto por hojear el periódico a la vez que desayuno, leo un libro en el tren, hago test de conducir durante los viajes de autobús, veo una serie en la comida y, a la hora de cenar, termino de ver el capítulo que dejé a medias. Estos son solo algunos de los remedios que he encontrado y, la verdad, que me parecen de lo más útiles.

Hace unas cuantas semanas, un compañero de clase me interrumpió justo cuando estaba terminando el último capítulo de un libro. Me encuentro con él muchas mañanas en el metro y, sinceramente, preferiría no hacerlo porque hablar de cosas estúpidas – que es lo que suele hacerse a esas horas- me parece otra manera gratuita de perder el tiempo. Me recomendó esa mañana que me descargase Breakfree, una nueva aplicación para móviles, que, según él, mide la adicción al teléfono. Se puso muy insistente y acabé descargándomela para que me dejase tranquilo.


Hoy, haciendo limpieza en el iphone, he visto la app y, por curiosidad, la he abierto. Los resultados me han dejado realmente sorprendido: tengo una adicción del 100% según el aparato. El tiempo medio de uso diario del móvil es de unas tres horas diarias, que serían un total de 21 horas semanales (¡casi un día completo!) y 84 horas mensuales (¡3 días y medio!). He preferido dejar de hacer cuentas. Yo creo que este cacharro está estropeado. Tres horas de móvil diarias ¿yo? ¡Qué barbaridad! Yo sé aprovechar el tiempo, como os he contado, nunca duermo la siesta.


sábado, 21 de marzo de 2015

UN DÍA SIN TECNOLOGÍA, UN DÍA SIN VIDA

Sociólogos Tecnológicos Sin Fronteras publica hoy la última entrada en el blog personal de Elena. En esta entrada la blogguera del momento, o eso se cree ella, nos cuenta lo que le ocurrió la semana pasada cuando su hermana pequeña le reto a vivir un día sin ningún aparato tecnológico, y en consecuencia sin ningún tipo de red social. 

Sujeto 4: Elena
¡Saludos amigos! 
¿Qué tal la semana? La mía un poco extraña. Quiero contaros lo que me paso el lunes pasado cuando mi hermana, la muy graciosa, decidió retarme a estar un día sin móvil, ya que al parecer según ella vivo “enganchada” a todo tipo de aparatos tecnológicos que me permitan conectarme a las redes sociales. En un primer momento me pareció absurdo seguir su juego y aceptar el reto de estar un día entero sin conectarme a las redes, porque eso podría conllevar una serie de graves consecuencias, pero decidí aceptar. Mi cambio de opinión se debió a que, en pocas palabras, se rió de mí cuando le dije que no podía vivir sin móvil. 

El reto comenzó la mañana del martes, dado que la propuesta me la hizo el lunes por la noche mientras cenábamos todos juntos en familia. Me levanté a las ocho de la mañana y cuando me quise dar cuenta  el móvil, la tableta y el ordenador habían desaparecido de mi habitación, en su lugar había una nota en un papel fluorescente. La nota, firmada por mi “adorada” hermana, ponía literalmente: “Me llevo tus cacharritos antes de que te arrepientas, suerte”. El reto acababa de empezar y yo tenía ganas de entrar en whatsapp.

Decidí seguir con normalidad el día, aunque iba a ser difícil porque de normal no tenía nada. Era martes y por lo tanto, tenía clase. Cogí el bus y fui a clase. El primer problema del día no tardo en presentarse, y es que cuando llegue a la universidad no recordaba el número del aula donde tenía clase ya que siempre lo miro en mi móvil o lo pregunta alguien por el grupo de clase. Acabe dando vueltas por todo el aulario hasta que encontré a una amiga, no sabéis que vergüenza pase. Al acabar las clases, volví a casa de lo más aburrida, porque durante el transcurso de las clases había tenido que atender todas las horas porque no tenía el móvil ni la tableta para distraerme ni un momento. Realmente estaba muy cabreada, no sabía si alguien me había hablado por wahtsapp, o había dado “like” a alguna de mis fotos en intagram, me estaba quemando por dentro. Y para colmo, todo hay que decirlo, había tenido que coger apuntes a mano como si estuviéramos en el siglo XX. Después de comer, me fui a mi habitación ya que tampoco entraba dentro del reto la posibilidad de ver la tele. Me senté en la mesa y pensé en que podía hacer; normalmente me hubiese puesto a ver la tele mientras hablaba por whatsapp o veía twitter, pero estaba sentada en mi mesa mirando por la ventana sin saber qué diablos iba a hacer toda la tarde. 

Finalmente, decidí salir de casa e ir a ver a una amiga del colegio. Ella vivía a cinco minutos de mi casa, pero llevaba muchísimo tiempo sin pisar su casa ni ella la mía, porque siempre que quedábamos lo hacíamos por whatsapp o por teléfono. Decidimos ir un bar cuando le conté el reto que estaba haciendo, ya que en un primer momento ella me propuso hacer lo de siempre: quedarnos en casa viendo instagram criticando a nuestras antiguas compañeras de clase que nos caían mal. Estuvimos toda la tarde en un bar recordando historias de cuando éramos más pequeñas, hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien. En ese momento me di cuenta todo lo malo que me habían hecho las redes sociales y los aparatos tecnológicos, en especial el móvil. Esa sensación no me duro mucho, la verdad, porque de camino a casa fui pensando en mi deseado móvil, en los mensajes que me habrían llegado y en lo que habría pasado en el mundo. Llegué a casa y me fui a dormir, estaba deseando que el día acabara. 

Cuando me levante, mi hermana me estaba esperando con todos mis “juguetes”, yo estaba ansiosa, pero antes de dármelos me dijo: “Ves como puedes vivir sin ellos, llevas un día sin ellos y no ha pasado absolutamente nada”, y después me los dio. En realidad, ella tenía parte de razón podía vivir sin ellos pero, obviamente, si habían pasado cosas pues cuando abrí whatsapp tenía 725 mensajes de 10 conversaciones, 3 likes en intagram, dos nuevos seguidores en twitter, 4 snapchat y 2 peticiones de amistad en facebook. El mundo había cambiado y yo no me había enterado. Realmente no podía vivir sin tecnología. Esa fue la conclusión que saque de aquella nefasta experiencia. 

martes, 17 de marzo de 2015

KRUBBERSCITYOFFIGHT in DA PARK (OMG).

Sociólogos Tecnológicos Sin Fronteras os ofrece una nueva parte de nuestro estudio. Esta vez hemos seleccionado una entrada del Blog de Sabrina, que el pasado viernes decidió, en un acto de valentía extrema, adentrarse en el salvaje mundo de los parques urbanos. Allí vivió una aventura nueva para sus sentidos: un enfrentamiento, pero  entre seres humanos y "a pelo". En la entrada, Sabrina cuenta sus impresiones sobre la lucha real.

Nota: nos vemos obligados a reproducir el texto original del sujeto, por ello, debemos advertir que no participamos de las faltas de ortografía en las que el mismo pueda haber incurrido.

SUJETO 2: SABRINA

Hamijos!  No me matéis, sé que no he escrito en unos cuantos días…. Que mal acostumbrados os tengo a subir videos diarios… joder, es que lo mío es hacer vídeos, escribir cuesta más! Es como menos espontáneo… Seguro que a vosotros también os cuesta, cabrones, asi que a callar.

WTFFFFFFFFFFFF <3
Bueno, estos días sin la webcam solo me han permitido subir videos random a twitter y no he podido haceros videos de Krubbers (aunque tengo preparados unos niveles guapos guapos de mi luchando contra Helene26 y Kathiax), peeeeeero voy a relataros aquí una cosa que me ha pasado que es jodidamente EPIC, pero no sé cómo me va a quedar por aquí. A ver, como no tengo que editar los videos porque no los puedo subir pues tengo un montón de horas libres que no se como rellenar, así que saqué a Kathiax al parque. Fue la primera vez que salía de casa en una semana… la ultima fue para sacar a Sabrin a hacer sus cosillas porque el pobre estaba como nivel -10 de supervivencia en plan *.* Así que nos salimos a dar una vuelta por Gran Vía. Al llevar un rato pasó una cosa super rara: de repente como que no necesitaba las gafas, en plan que los ojos se me despejaron y la vista cansada desaparecía, ya no me picaban los ojos como me pican siempre. A la media hora me quité las gafas y no sentía nada de nada ^^. Total, que nos vamos a Ópera y de repente OMG OMG OMG OMG OMG OMG WTF??!!: había un grupo de tíos luchando de verdad!!!

No se como voy a describíroslo bien sin imágenes, pero bueno ahí va:
Llegamos a la zona de combate, pero los luchadores no iban ni protegidos ni presentaban sus habilidades ni la categoría en la que jugaban, lo cual me parece un poco injusto no? Porque joder podía luchar un pequeñín con un pavo de dos metros! En fin, que la cosa era como muy random, todos como salidos de la nada. Nos ponemos Kat y yo a mirar y vimos una cosa flipante: bueno, en primer lugar, los luchadores solo podían luchar con los puños, las piernas y, en algunos casos, la cabeza, pero no utilizaban nada más. En segundo lugar, Kath y yo nos quedamos flipando porque las leches que se daban, a pesar de ser bastante flojas y simples, se veía el dolor, lo cual aumentaba mi adrenalina claro porque era como vivir una lucha (de las de primera categoría, porque una de las de categoría 30 sería como total collapse) pero perdiendo energías de la barra de energía de verdad!. Bueno, en medio de estado de shok en el que estábamos, de repente llegó un tío de los de la pelea y empezó a decirnos que por qué mirábamos tanto. Nosotros contestamos algo como "oye tranquilo tío que sólo estábamos mirando" y parece ser que eso le cabreó mucho más porque me cogió de la camiseta (la de MARIOBROSS, encima) y empezó a gritarme mazo en la cara. Yo nunca había vivido algo así, porque además llevo sin hacer deporte desde que hice las últimas pruebas físicas del equipo de fútbol de mi pueblo, del cual me salí cuando empecé fuerte con el canal. Suerte que llegó Kat por detrás y cogió al tío y lo tranquilizó un poco y nos fuimos cagando leches porque si no estos son reventaban. Cuando nos alejábamos les gritamos un poco para descargar tensión, a una distancia desde la que no podían oírnos , claro.  
Les hicimos lo que se llama un... ataque de retroceso. xDD

<3<3<3
Por cierto, la dinámica del blog es un poco diferente, pero básicamente para saber si os ha gustado lo que tenéis que hacer es compartir, vía blogger o twitter o facebook, o también comentar por supuesto para proponer más entradas, a ver si le damos caña a esto un poquito.  

 

sábado, 14 de marzo de 2015

REGRESO AL PASADO

Sociólogos Tecnológicos Sin Fronteras publica hoy la última entrada de Julia en su blog personal. A través de él podemos conocer mejor la relación del sujeto 5 con su madre, la cual parece estar deteriorada debido a la falta de gustos comunes y a la adicción de la joven a diversos aspectos tecnológicos. Sus disparatadas reflexiones acerca de las más comunes situaciones, como son salir a cenar o ir al cine, reafirman nuestra hipótesis inicial y afianzan aún más nuestra convicción de estar realizando un estudio innovador que sentará las bases para muchos otros acerca de los efectos de las nuevas tecnologías en la sociedad. Disfruten.


SUJETO 5: JULIA

¡Hola a todos!

Ayer mi madre me obligó, literalmente, a salir a cenar con ella. Sí sí, como leéis. A mis veinte años, por mucho que insista en el hecho de no estar ya bajo su patria potestad, su argumento ”mientras vivas en mi casa las normas las impongo yo y, si no te gusta, aire" suena a un ultimátum aterrador. Y claro que podría alquilar un pisito en el que vivir sin padres, tareas forzadas, discusiones rutinarias... suena taaaaaan bien, ¿verdad? El problema es: ¿sabéis lo caro que resulta contratar una red wifi para una vivienda? Estoy dispuesta a renunciar a muchas cosas, como que me laven y planchen la ropa, me hagan la comida..., pero una conexión "gratis" a Internet no es una de ellas.

Bueno, pues eso, estaba yo tan tranquila stalkeando (acosando vía Instagram suena demasiado mal, ¿no creéis?) a mi futuro marido Colton Haynes (una puede soñar todo lo que quiera, oye) cuando de repente escuché pasos subiendo las escaleras y cinco, cuatro, tres, dos, un segundo después, la puerta de mi habitación se abrió. Lo de llamar, ¿para qué? A ver, que es cierto que mis sentidos en materia de predecir cuándo se va a dar una incursión en mis aposentos están altamente desarrollados tras todos esos años en alerta intentando evitar ser pillada "con los aparatitos" a altas horas de la madrugada (uf, eso sí que era vivir al límite), pero avisar antes de entrar es una norma básica de educación. Tener que enseñar maneras a tus progenitores tiene delito, eh. Entrar sin llamar es como desbloquear sin permiso el móvil de alguien, y comenzar a ver sus fotos más o menos privadas o cotillear sus conversaciones, por mucho que él mismo te haya confiado su contraseña. Ay, mierda, que no dejo de irme del tema.

El caso es que me arrastró a este nuevo bar de tapas reinventadas (lo que quiera que sea eso) que habían abierto en el centro, del que al parecer todo el mundo hablaba y que, como todo establecimiento actual que pretenda resistir a los arduos tiempos a los que nos enfrentamos, tenía servicio a domicilio para pedidos online. Doy a todo bar y restaurante que se precie un máximo de cinco años hasta que elimine su comedor y se dedique en exclusiva a la entrega de cualquier plato imaginable en la puerta de casa. ¿Apostamos algo? Total, ¿quién sale a cenar por ahí hoy en día? Nadie. Esa moda estaba destinada al fracaso ya en los noventa.

Cuál fue mi sorpresa al ver a mi madre sacar de su bolso, nada más ser escoltadas a la mesa por el mismo camarero que nos había tenido esperando ¡¡de pie!! alrededor de quince minutos, dos entradas para la última película de Hilary Duff. Creo que el hombre de la mesa de al lado estuvo a punto de llamar al 112 al ver mi cara desencajada por el espanto mientras mi madre me honraba con un magnífico discurso sobre cómo sabía lo mucho que me apasionaba la actriz. Por supuesto, mi época de idolatrar a la susodicha había concluido, antes de empezar, no menos de diez años atrás.

Después de dos horas de tediosa cena, y mil soporíferas batallitas, emprendimos camino al cine. La ciudad estaba sorprendentemente atestada de parejitas y turistas, teniendo en cuenta que era enero y, encima, sábado. ¿Acaso no son los sábados para descansar y desconectar? Pues parece ser que no, que todavía existen sádicos desequilibrados que deciden torturarse con trato social innecesario y conversaciones banales los escasos días de los que disponen para sí mismos. Y, sí, volviendo a la película, esta fue mala hasta decir basta. Durante los -eternos- noventa minutos, me revolví en la butaca pensando “joder, joder, joder, tendría que haberme resistido más, haber inventado alguna excusa acerca de tener demasiado que estudiar… mierda, mierda, mierda”. Con lo sencillo que hubiera resultado quedarnos en casa, pedir unas pizzas y ver una película en Internet (sobre todo hubiera sido más fácil escabullirme con el pretexto de estar muerta de sueño). Hubiera parecido que viviera en el pasado, en los años cincuenta, si no hubiera sido porque a los escasos cinco minutos de película, no pude resistir más la tentación y saqué el móvil para cotillear primero Instagram y después Twitter, Tumblr, Facebook… Así descubrí que, ¡vaya!, todos mis compañeros de clase, los antiguos del instituto y los de ahora de la facultad, estaban por la zona. Más me valía no encontrarme con ninguno.




Una vez superada con éxito la misión de llegar a casa sin toparme con nadie conocido, gracias a la técnica de la cabeza gacha fijada en la pantalla del teléfono e inmersa en el cómodo mundo virtual, creí que la pesadilla había terminado. Pero no. Nada más entrar por la puerta, mi madre me agarró la mano e hizo que me sentara en el sofá para (voy a ahorraros el efusivo, a la par que hipócrita, monólogo posterior), tachánnnnnn, regalarme un diario. Argumentó que necesitaba un lugar en el que poder desahogarme, escribir lo que  me ocurría cada día, mis sentimientos… sacar todo lo que “llevo dentro” y nunca cuento a nadie. ¡Qué sabrá ella! Já. Yo ya tengo mi blog, ¿para qué quiero un diario?


Como habréis comprobado, fue una velada para recordar. Y ahora, muy a mi pesar, tengo que dejaros porque Alana me está esperando para una de nuestras sesiones de Skype, ¡vamos a pensar cuándo y cómo conocernos por fin en persona este verano! Ya veréis cuando le cuente que mamá cree que no tengo amigos y soy tímida y de pocas palabras. Va a estar riéndose una semana. Por lo menos. Además, tenía planeado desde hace un par de días un maratón de Orphan Black, que dentro de nada comienza la tercera temporada y solo puedo ponerme al día con ella los fines de semana, ya que las otras 40 series que sigo emiten sus nuevos episodios de lunes a viernes y todos los canales de YouTube a los que estoy suscrita evitan subir vídeos los festivos, no sé por qué.

miércoles, 11 de marzo de 2015

RECUERDOS VIRTUALES. CUERNOS DE VERDAD


Sociólogos Tecnológicos sin fronteras os da los buenos días. Para comenzar con nuestra investigación, hemos decidido mostraros la última entrada del sujeto de estudio número 1, Michelle, más conocida como MiuMiu. A raíz de conocer por una conocida red social que su novio le es infiel, MiuMiu divaga sobre cómo construimos o rompemos nuestras relaciones a través de las nuevas tecnologías comparándolo con el pasado, o dónde almacenamos nuestros recuerdos, si en la memoria, o en una plataforma digital. Esperemos que disfruten de la lectura, reflexionen sobre ella y nos comenten sus opiniones o experiencias personales.

MIUMIU
Una imagen en una cala de arena blanca con el mar de fondo, una cerveza en la mano y la cintura de una polaca en la otra. Los ojos vidriosos por el sol (o la bebida) y los labios en su cuello. Así era la última etiqueta de Hugo en Facebook, tan cristalina sobre su experiencia en Malta como el agua en la que estaba sumergido hasta la cintura. Y en la que yo le hubiera sumergido la cabeza. Skype permitió dejar muy clara mi superioridad moral durante nuestra conversación, mientras que él solo hilaba una excusa tras otra intentado convencerme de que no tenía la culpa de nada y de que “casi, casi le habían violado” en la playa. Gilipollas.


Cuando de mi boca ya no salían cosas coherentes, mi abuela me sacó arrastras de la habitación para contarme la historia de su primer novio, otro traidor de los que traspasan generaciones. La feria, en la que se habían conocido un año atrás, acababa de llegar al pueblo, así que corrió a comprar dos palos de algodón de azúcar en el puesto donde habían tenido su primera cita. No terminó de llegar al tenderete, porque allí, el dulce chico del dulce algodón se lo estaba quitando a otra de la boca. Pobre abuela. Yo me enteré por Facebook, pero a ella sí que se la pegaron en toda la cara. Después de un bofetón, darse la vuelta y volver a casa, mi abuela abrió el cajón de su cómoda. Allí guardaba la única foto que tenían juntos, una que habían sacado una tarde de verano en la orilla del río. Sacó también una caja de cerillas y quemó el retrato desde las puntas hasta el centro. Dijo que el olor a papel quemado y ver como las cenizas caían por el balcón hizo que se sintiera mucho mejor, aunque con una sonrisa me reconoció que la mayor satisfacción la había
encontrado en el tortazo.

Yo, que estaba muy orgullosa de la manera en la que había acabado de un plumazo con todos mis recuerdos, de repente me sentí ridícula. Esa tarde había hecho una incursión a Internet para eliminar de la faz de la web cualquier imagen de los dos. Las más recientes, en Instagram, fueron fáciles de localizar. Eliminar foto. Eliminar foto. Diosdiosdiosdios, ¿¡pero esto que es?! DENUNCIAR POR CONTENIDO INAPROPIADO. Emmmmmmm, vamos a decir que es porque “creo que no debería estar en Facebook”. Más bien no debería estar en ningún sitio visible. Click. Click. Hugo ya no existe. Como empezamos a salir en la ESO, Tuenti (paleolítico superior) fue testigo de las primeras publicaciones. Después de tardar una hora en recordar la contraseña, de nuevo pudo escucharse el click, click, click. Hugo ya no existe.


Me sumergí entonces en un viaje en el tiempo en el que la nave espacial era mi portátil, el teclado el control de mandos y el destino mi primer año de instituto. Fotos de los amigos del colegio, aquellos a quienes hace años que no veo y de los que apenas recuerdo su voz, de las vacaciones en la playa, de Nueva York, Suiza, Holanda. De cuando me rompí el brazo montando en bici, del intercambio en Brighton, de la moda del flúor, de la despedida que le escribí a ese amigo que se fue. De las primeras veces y también de las últimas.

Cada vez que abría una nueva imagen notaba los rayos de sol en la piel, los granos de arena entre los dedos de los pies, el olor a vodka en la ropa y la música resonando en los oídos. Internet hizo que me invadiera una extraña nostalgia repasando todos los momentos que creí que merecía la pena compartir, por muy vergonzosos que se pudieran volver con el paso de los años. A golpe de tecla podemos abrir nuestra memoria, y con el mismo movimiento suprimir un fragmento de vida simulando que nunca existió.
 
El móvil vibró durante toda la tarde después de que cambiase mi estado de “mantiene una relación” a “viuda”. El wasap echaba fuego, primero por los grupos y después por aquellos que me preguntaban por privado. El pajarito de Twitter daba consejos sobre cómo emprender mi venganza y superar la pérdida. Vamos a ver, los cuernos no me dejan atravesar la puerta, ¡pero no soy Hamlet, acho! La pantalla pronto se había convertido en un campo de batalla entre los pro-amorlibre y los pro-fidelidad, por lo que, hastiada, cerré el ordenador.

Un rato después pasó algo asombroso. Inédito. Increíble. Al ver que no respondía a sus mensajes, mis amigas decidieron tomar medidas drásticas y llamaron a la puerta de mi casa. Lo habitual para dar apoyo era el emoticono de puño (que daba a entender que le darían una paliza a quien hiciera falta), si te sentías muy mal servían cinco caras de besitos, y si estabas en el paso previo al suicidio lo mejor era una nota de voz. Al principio fue incluso extraño, ya ni siquiera encontraban la postura más cómoda para sentarse en la alfombra, y miraban los pósters de mi habitación como quien observa un lienzo de Miró.

La reflexión más profunda de aquella tarde fue que para sacarme un clavo lo mejor era meterme otro vía Tinder, pero no tuve tiempo de responderlas porque las notificaciones de Instagram parecían más urgentes. En este gran pueblo que son las redes sociales, tan solo un rato después de hacer pública mi ruptura, JaimePls y Sergi95 le habían dado a me gusta a mis últimas fotografías. Según mamá, es el equivalente a un antiguo “que guapa estás hoy”, y si ya encima te ponen un comentario es como si te apartasen el pelo de la cara, te lo recogieran detrás de las orejas y te invitasen a ir al cine. ¿Es qué alguien sigue haciendo eso?

El caso es que en solo una tarde (casi) se me ha pasado el enfado. La próxima vez que vuelva a interesarme en temas sentimentales no sé si utilizaré Internet o el modo tradicional, aunque tengo claro que me alejaré de tíos que conozca al lado de una noria y de aquellos que se vayan por Europa a experimentar. Pero eso no va a ser ni hoy ni mañana. Aprovechando que las chicas estaban en casa hemos hecho planes para la noche, así que voy a iniciar la lista de viernes de Spotify y a meterme en la ducha. Hasta pronto lectores. Me voy de fiesta.

Por cierto, Hugo vuelve a Madrid para las vacaciones de Semana Santa. He decidido que voy a ir a esperarle a Barajas. Esta va a ser mi bienvenida.