Sociólogos Tecnológicos sin fronteras os da los buenos días. Para comenzar
con nuestra investigación, hemos decidido mostraros la última entrada del sujeto
de estudio número 1, Michelle, más conocida como MiuMiu. A raíz de conocer por una
conocida red social que su novio le es infiel, MiuMiu divaga sobre cómo
construimos o rompemos nuestras relaciones a través de las nuevas tecnologías comparándolo
con el pasado, o dónde almacenamos nuestros recuerdos, si en la memoria, o en
una plataforma digital. Esperemos que disfruten de la lectura, reflexionen
sobre ella y nos comenten sus opiniones o experiencias personales.
MIUMIU
Una
imagen en una cala de arena blanca con el mar de fondo, una cerveza en la mano
y la cintura de una polaca en la otra. Los ojos vidriosos por el sol
(o la
bebida) y los labios en su cuello. Así era la última etiqueta de Hugo en Facebook, tan cristalina sobre su
experiencia en Malta como el agua en la que estaba sumergido hasta la cintura.
Y en la que yo le hubiera sumergido la cabeza. Skype permitió dejar muy clara
mi superioridad moral durante
nuestra conversación, mientras que él solo hilaba
una excusa tras otra intentado convencerme de que no tenía la culpa de nada y de
que “casi, casi le habían violado” en la playa. Gilipollas.
(o la
bebida) y los labios en su cuello. Así era la última etiqueta de Hugo en Facebook, tan cristalina sobre su
experiencia en Malta como el agua en la que estaba sumergido hasta la cintura.
Y en la que yo le hubiera sumergido la cabeza. Skype permitió dejar muy clara
mi superioridad moral durante
nuestra conversación, mientras que él solo hilaba
una excusa tras otra intentado convencerme de que no tenía la culpa de nada y de
que “casi, casi le habían violado” en la playa. Gilipollas.
Cuando de
mi boca ya no salían cosas coherentes, mi abuela me sacó arrastras de la
habitación para
contarme la historia de su primer novio, otro traidor de los
que traspasan generaciones. La feria, en la que se habían conocido un año
atrás, acababa de llegar al pueblo, así que corrió a comprar dos palos de
algodón de azúcar en el puesto donde habían tenido su primera cita. No terminó
de llegar al tenderete, porque allí, el dulce chico del dulce algodón se lo
estaba quitando a otra de la boca. Pobre abuela. Yo me enteré por Facebook,
pero a ella sí que se la pegaron en toda la cara. Después de un bofetón, darse
la vuelta y volver a casa, mi abuela abrió el cajón de su cómoda. Allí guardaba
la única foto que tenían juntos, una que habían sacado una tarde de verano en
la orilla del río. Sacó también una caja de cerillas y quemó el retrato desde
las puntas hasta el centro. Dijo que el olor a papel quemado y ver
como las
cenizas caían por el balcón hizo que se sintiera mucho mejor, aunque con una
sonrisa me reconoció que la mayor satisfacción la había
contarme la historia de su primer novio, otro traidor de los
que traspasan generaciones. La feria, en la que se habían conocido un año
atrás, acababa de llegar al pueblo, así que corrió a comprar dos palos de
algodón de azúcar en el puesto donde habían tenido su primera cita. No terminó
de llegar al tenderete, porque allí, el dulce chico del dulce algodón se lo
estaba quitando a otra de la boca. Pobre abuela. Yo me enteré por Facebook,
pero a ella sí que se la pegaron en toda la cara. Después de un bofetón, darse
la vuelta y volver a casa, mi abuela abrió el cajón de su cómoda. Allí guardaba
la única foto que tenían juntos, una que habían sacado una tarde de verano en
la orilla del río. Sacó también una caja de cerillas y quemó el retrato desde
las puntas hasta el centro. Dijo que el olor a papel quemado y ver
como las
cenizas caían por el balcón hizo que se sintiera mucho mejor, aunque con una
sonrisa me reconoció que la mayor satisfacción la habíaYo, que estaba muy orgullosa de la manera en la que había acabado de un plumazo con todos mis recuerdos, de repente me sentí ridícula. Esa tarde había hecho una incursión a Internet para eliminar de la faz de la web cualquier imagen de los dos. Las más recientes, en Instagram, fueron fáciles de localizar. Eliminar foto. Eliminar foto. Diosdiosdiosdios, ¿¡pero esto que es?! DENUNCIAR POR CONTENIDO INAPROPIADO. Emmmmmmm, vamos a decir que es porque “creo que no debería estar en Facebook”. Más bien no debería estar en ningún sitio visible. Click. Click. Hugo ya no existe. Como empezamos a salir en la ESO, Tuenti (paleolítico superior) fue testigo de las primeras publicaciones. Después de tardar una hora en recordar la contraseña, de nuevo
pudo escucharse el click, click, click. Hugo ya no existe.Me sumergí entonces en un viaje en el tiempo en el que la nave espacial era mi portátil, el teclado el control de mandos y el destino mi primer año de instituto. Fotos de los amigos del colegio, aquellos a quienes hace años que no veo y de los que apenas recuerdo su voz, de las vacaciones en la playa, de Nueva York, Suiza, Holanda. De cuando me rompí el brazo montando en bici, del intercambio en Brighton, de la moda del flúor, de la despedida que le escribí a ese amigo que se fue. De las primeras veces y también de las últimas.
Cada vez que abría una nueva imagen notaba los rayos de sol en la piel, los granos de arena entre
los dedos de los pies, el olor a vodka en la ropa y la música
resonando en los oídos. Internet hizo que me invadiera una extraña nostalgia
repasando todos los momentos que creí que merecía la pena compartir, por muy
vergonzosos que se pudieran volver con el paso de los años. A golpe de tecla
podemos abrir nuestra memoria, y con el mismo movimiento suprimir un fragmento
de vida simulando que nunca existió.
El móvil vibró durante toda la tarde
después de que cambiase mi estado
de “mantiene una relación” a “viuda”. El wasap echaba fuego, primero por los
grupos y después por aquellos que me preguntaban por privado. El pajarito de Twitter daba consejos sobre cómo
emprender
mi venganza y superar la pérdida. Vamos a ver, los cuernos no me dejan
atravesar la puerta, ¡pero no soy Hamlet, acho! La pantalla pronto se había
convertido en un campo de batalla entre los pro-amorlibre y los pro-fidelidad,
por lo que, hastiada, cerré el ordenador.
Un rato después pasó algo
asombroso. Inédito. Increíble. Al ver que no respondía a sus mensajes, mis
amigas decidieron tomar medidas drásticas y llamaron a la puerta de mi casa. Lo
habitual para dar apoyo era el emoticono de puño (que daba a entender que le
darían una paliza a quien hiciera falta), si te sentías muy mal servían cinco
caras de besitos, y si estabas en el paso previo al suicidio lo mejor era una
nota de voz. Al principio fue incluso extraño, ya ni siquiera encontraban la
postura más cómoda para sentarse en la alfombra, y miraban los pósters de mi
habitación como quien observa un lienzo de Miró.
La
reflexión más profunda de aquella tarde fue que para sacarme un clavo lo mejor
era meterme otro vía Tinder, pero no
tuve tiempo de responderlas porque las notificaciones de Instagram parecían más
urgentes. En este gran pueblo que son las redes sociales, tan solo un rato
después de hacer pública mi ruptura, JaimePls y Sergi95 le habían dado a me
gusta a mis últimas fotografías. Según mamá, es el equivalente a un antiguo
“que guapa estás hoy”, y si ya encima te ponen un comentario es como si te
apartasen el pelo de la cara, te lo recogieran detrás de las orejas y te
invitasen a ir al cine. ¿Es qué alguien sigue haciendo eso?
El caso es que en solo una tarde (casi) se me ha
pasado el enfado. La próxima vez que vuelva a interesarme en temas
sentimentales no sé si utilizaré Internet o el modo tradicional, aunque tengo
claro que me alejaré de tíos que conozca al lado de una noria y de aquellos que
se vayan por Europa a experimentar. Pero eso no va a ser ni hoy ni mañana.
Aprovechando que las chicas estaban en casa hemos hecho planes para la noche,
así que voy a iniciar la lista de viernes de Spotify y a meterme en la ducha. Hasta pronto lectores. Me voy de
fiesta.
Por cierto, Hugo vuelve a Madrid para las
vacaciones de Semana Santa. He decidido que voy a ir a esperarle a Barajas. Esta va a ser mi bienvenida.

Tuenti, paleolítico superior. ¡Totalmente de acuerdo! Me encanta la entrada :)
ResponderEliminarGracias. Sociólogos Tecnológicos Sin Fronteras te anima a leer las entradas de los demás sujetos (que también tienen para rato) a fin de que conozcas otro tipo de individuos generados en el seno de este mundo creado por las redes sociales.
EliminarMuchas gracias a todos los lectores de parte de Sociólogos Tecnológicos sin Fronteras por la empatia que muestran con los sujetos del experimento. Estamos seguros que una vez que descubran este estudio se alegrarán de representar la forma de vivir las nuevas tecnologías de los jóvenes españoles.
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