UN DÍA SIN TECNOLOGÍA, UN DÍA SIN VIDA
Sociólogos Tecnológicos Sin Fronteras publica hoy la última entrada en el blog personal de Elena. En esta entrada la blogguera del momento, o eso se cree ella, nos cuenta lo que le ocurrió la semana pasada cuando su hermana pequeña le reto a vivir un día sin ningún aparato tecnológico, y en consecuencia sin ningún tipo de red social.
Sujeto 4: Elena
¡Saludos amigos!
¿Qué tal la semana? La mía un poco extraña. Quiero contaros lo que me paso el lunes pasado cuando mi hermana, la muy graciosa, decidió retarme a estar un día sin móvil, ya que al parecer según ella vivo “enganchada” a todo tipo de aparatos tecnológicos que me permitan conectarme a las redes sociales. En un primer momento me pareció absurdo seguir su juego y aceptar el reto de estar un día entero sin conectarme a las redes, porque eso podría conllevar una serie de graves consecuencias, pero decidí aceptar. Mi cambio de opinión se debió a que, en pocas palabras, se rió de mí cuando le dije que no podía vivir sin móvil.
El reto comenzó la mañana del martes, dado que la propuesta me la hizo el lunes por la noche mientras cenábamos todos juntos en familia. Me levanté a las ocho de la mañana y cuando me quise dar cuenta el móvil, la tableta y el ordenador habían desaparecido de mi habitación, en su lugar había una nota en un papel fluorescente. La nota, firmada por mi “adorada” hermana, ponía literalmente: “Me llevo tus cacharritos antes de que te arrepientas, suerte”. El reto acababa de empezar y yo tenía ganas de entrar en whatsapp.
Decidí seguir con normalidad el día, aunque iba a ser difícil porque de normal no tenía nada. Era martes y por lo tanto, tenía clase. Cogí el bus y fui a clase. El primer problema del día no tardo en presentarse, y es que cuando llegue a la universidad no recordaba el número del aula donde tenía clase ya que siempre lo miro en mi móvil o lo pregunta alguien por el grupo de clase. Acabe dando vueltas por todo el aulario hasta que encontré a una amiga, no sabéis que vergüenza pase. Al acabar las clases, volví a casa de lo más aburrida, porque durante el transcurso de las clases había tenido que atender todas las horas porque no tenía el móvil ni la tableta para distraerme ni un momento. Realmente estaba muy cabreada, no sabía si alguien me había hablado por wahtsapp, o había dado “like” a alguna de mis fotos en intagram, me estaba quemando por dentro. Y para colmo, todo hay que decirlo, había tenido que coger apuntes a mano como si estuviéramos en el siglo XX. Después de comer, me fui a mi habitación ya que tampoco entraba dentro del reto la posibilidad de ver la tele. Me senté en la mesa y pensé en que podía hacer; normalmente me hubiese puesto a ver la tele mientras hablaba por whatsapp o veía twitter, pero estaba sentada en mi mesa mirando por la ventana sin saber qué diablos iba a hacer toda la tarde.
Finalmente, decidí salir de casa e ir a ver a una amiga del colegio. Ella vivía a cinco minutos de mi casa, pero llevaba muchísimo tiempo sin pisar su casa ni ella la mía, porque siempre que quedábamos lo hacíamos por whatsapp o por teléfono. Decidimos ir un bar cuando le conté el reto que estaba haciendo, ya que en un primer momento ella me propuso hacer lo de siempre: quedarnos en casa viendo instagram criticando a nuestras antiguas compañeras de clase que nos caían mal. Estuvimos toda la tarde en un bar recordando historias de cuando éramos más pequeñas, hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien. En ese momento me di cuenta todo lo malo que me habían hecho las redes sociales y los aparatos tecnológicos, en especial el móvil. Esa sensación no me duro mucho, la verdad, porque de camino a casa fui pensando en mi deseado móvil, en los mensajes que me habrían llegado y en lo que habría pasado en el mundo. Llegué a casa y me fui a dormir, estaba deseando que el día acabara.
Cuando me levante, mi hermana me estaba esperando con todos mis “juguetes”, yo estaba ansiosa, pero antes de dármelos me dijo: “Ves como puedes vivir sin ellos, llevas un día sin ellos y no ha pasado absolutamente nada”, y después me los dio. En realidad, ella tenía parte de razón podía vivir sin ellos pero, obviamente, si habían pasado cosas pues cuando abrí whatsapp tenía 725 mensajes de 10 conversaciones, 3 likes en intagram, dos nuevos seguidores en twitter, 4 snapchat y 2 peticiones de amistad en facebook. El mundo había cambiado y yo no me había enterado. Realmente no podía vivir sin tecnología. Esa fue la conclusión que saque de aquella nefasta experiencia.
"El mundo había cambiado y yo no me había enterado". Adicción tecnológica y egocentrismo. Vaya, vaya, interesante.
ResponderEliminarEn sociólogos tecnológicos sin fronteras creemos que muchas personas se sienten identificadas con esta afirmación (tristemente). Muchas gracias por leernos.
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